TEXTOS INSTITUCIONALES


ÍNDICE

1. FUNDACIÓN DE LA EFP POR JACQUES LACAN

2. PREÁMBULO AL ACTA DE FUNDACION

3. CARTA DE DISOLUCIÓN

4. UN OTRO FALTA

5. CARTA AL DIARIO LE MONDE

6. DECOLAJE O DESPEGUE DE LA ESCUELA

7. EL SEÑOR A.

8. CARTA PARA LA CAUSA FREUDIANA

9. PRIMERA CARTA DEL FORO

10. SEGUNDA CARTA DEL FORO

11. PARA EL ANUARIO



1. FUNDACIÓN DE LA EFP POR JACQUES LACAN

21 de junio de 1964

Fundo -tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica- la Escuela Francesa de Psicoanálisis, cuya dirección asumo personalmente durante los cuatro próximos años, pues nada hoy me lo impide.
Este título en mi intención representa al organismo donde debe realizarse un trabajo - que en el campo que Freud abrió restaura el filo cortante de la verdad-, que vuelve a llevar la praxis original que él instituyó bajo el nombre de psicoanálisis al deber que le corresponde en nuestro mundo, que mediante una asidua crítica denuncia sus desviaciones y los compromisos que amortiguan su progreso, degradando su empleo.
Este objetivo de trabajo es indisoluble de una formación que hay que dispensar en este movimiento de reconquista. Es decir que están habilitados para la misma con pleno derecho aquéllos a quienes yo mismo he formado, y que están invitados a colaborar todos aquellos que puedan contribuir a poner a prueba la legitimidad de esta formación.
Quienes lleguen a esta Escuela se comprometerán a cumplir una tarea sometida a un control interno y externo. Tienen en cambio asegurado que no se escatimará nada para que todo lo valioso que hagan tenga la resonancia que merece, y en el lugar que convenga.
Para la ejecución del trabajo, adoptaremos la norma de una elaboración constante en un pequeño grupo. Cada uno de éstos (tenemos un nombre para designar a estos grupos) se compondrá de tres personas al menos, y como máximo de cinco; cuatro es la dimensión justa. Más una encargada de la selección, de la discusión y de dar el curso merecido al trabajo de cada uno.
Tras un cierto tiempo de funcionamiento, a los integrantes de un grupo se les propondrá intercambiarse con los de otro.
El cargo de dirección no constituirá una capitanía cuyo desempeño se capitalizaría por el acceso a un grado superior, y nadie tendrá que considerarse retrogradado por volver al rango de un trabajo de base.
Por la razón de que cualquier empresa personal pondrá a su autor en las condiciones de crítica y de control a las que todo trabajo a desarrollar será sometido en la Escuela.
De ninguna manera esto implica una jerarquía en sentido contrario, sino una organización circular cuyo funcionamiento, fácil de programar, se consolidará mediante la experiencia.
Constituimos tres secciones, cuya marcha garantizaré secundado por dos colaboradores para cada una.
1) Sección de psicoanálisis puro, o sea praxis y doctrina del psicoanálisis propiamente dicho, lo cual no es otra cosa -se establecerá en su momento-que el psicoanálisis didáctico.
Los problemas urgentes que hay que plantear sobre todos los desenlaces del didáctico encontrarán aquí allanado el camino para una confrontación sostenida entre personas que tienen la experiencia del didáctico y candidatos en formación. Su razón de ser se funda en lo que no hay que esconder: la necesidad que resulta de las exigencias profesionales cada vez que arrastran al analizado en formación a asumir una responsabilidad analítica, por pequeña que sea.
En el interior de este problema, y como caso particular, debe situarse el de la entrada en control. Preludio a la definición de este caso sobre criterios distintos de la impresión de todos y de los prejuicios de cada uno. Pues se sabe que ésta es actualmente su única ley, cuando la violación de la regla implicada en la  observancia de sus formas es permanente.
Desde el principio y en cualquier caso, se garantizará un control calificado en este marco al practicante en formación en nuestra Escuela.
Se propondrán al estudio así instaurado los rasgos a través de los cuales yo mismo rompo con los standards afirmados en la práctica didáctica, así como los efectos que se imputa a mi enseñanza sobre el curso de mis análisis cuando es el caso de que mis analizados asistan a ellos a título de alumnos. Se incluirán allí, si es necesario, los únicos impasses que hay que deducir de mi posición en tal Escuela, a saber: aquellos que engendraría en mi trabajo la inducción misma a la que apunta mi enseñanza.
Estos estudios, cuya avanzada es el cuestionamiento de la rutina establecida, serán colegidos por el directorio de la sección que velará por las vías más propicias para sostener los efectos de su solicitación.
Tres subsecciones:
- Doctrina del psicoanálisis puro.
- Crítica interna de su praxis como formación.
- Control de psicoanalistas en formación.
Por último, planteo como principio doctrinal que esta sección, la primera, como también aquella cuyo destino daré en el titulo 3, no limitará su reclutamiento a la calificación médica, no siendo el psicoanálisis puro en si mismo una técnica terapéutica.
2) Sección de psicoanálisis aplicado, lo cual quiere decir de terapéutica y clínica médica.
Se admitirán en ella grupos médicos -compuestos o no por sujetos psicoanalizados, basta con que estén en condiciones de contribuir a la experiencia psicoanalítica por la crítica de sus indicaciones en sus resultados, por la puesta a prueba de las categorías y las estructuras que introduje en ella a fin de sostener los lineamientos de la praxis
freudiana, esto en el examen clínico, en las definiciones nosográficas, incluso en la posición de los proyectos terapéuticos.
También aquí tres subsecciones:
- Doctrina de la cura y de sus variaciones.
- Casuística.
- Información psiquiátrica y prospección médica.
Un directorio para autentificar cada trabajo como de la Escuela, y tal que su composición excluya todo conformismo preconcebido.
3) Sección de relevamiento del campo freudiano. Asegurará primeramente la reseña y la censura crítica de todo lo que ofrecen en este campo las publicaciones que se pretenden autorizadas en él.
Emprenderá la actualización de los principios por los cuales la práctica analítica debe recibir su status en la ciencia. Status que, por más que haya que reconocerlo como particular, no podría ser el de una experiencia inefable.
Finalmente, llamará a instruir nuestra experiencia, así como a comunicarla, por aquello que el estructuralismo instaurado en ciertas ciencias puede aclarar de aquello cuya función yo demostré en la nuestra -en sentido inverso, nuestra subjetivación puedeser recibida por esas mismas ciencias como inspiración complementaria.
En último caso, se requiere una praxis de la teoría, sin la cual el orden de afinidades que esbozan las ciencias que llamamos conjeturales, permanecerá a merced de esa deriva política que se expande como la ilusión de un condicionamiento universal.
Por lo tanto, también tres subsecciones:
- Comentario continuo del movimiento psicoanalítico.
- Articulación con las ciencias afines.
- Ética del psicoanálisis, que es la praxis de su teoría.
El fondo financiero constituido de entrada por la contribución de los miembros de la Escuela, por las subvenciones que obtenga eventualmente, incluso por los servicios que garantizará como Escuela, se destinará enteramente a su esfuerzo de publicación.
En primer lugar un anuario reunirá los títulos y el resumen de los trabajos de la Escuela, sea donde fuere que se hayan publicado, anuario en el que figurarán simplemente a su pedido todos los que hubieran estado en funciones en ella.
Se adherirá a la Escuela presentándose ante ella como un grupo de trabajo constituido como hemos dicho.
La admisión al comienzo será decidida por mi, sin que tenga en cuenta posiciones adoptadas por cualquiera en el pasado respecto de mi persona, seguro como estoy de que a quienes me abandonaron, no soy yo quien les guarda rencor, son ellos los que me guardan cada vez más rencor por no poder regresar.
Mi respuesta además sólo concernirá a lo que pueda presumir o verificar en cuanto a los títulos en relación al grupo y al lugar que, ante todo, él pretenderá cumplir.
La organización de la Escuela sobre el principio de rotación que indiqué, será fijada por una comisión aprobada por una primera asamblea plenaria que se efectuará dentro de un año. Esta comisión elaborará la misma sobre la experiencia recorrida al término del segundo año, cuando una segunda asamblea tendrá que aprobarla.
No es necesario que las adhesiones abarquen el conjunto de este plan para que funcione. No tengo necesidad de una lista numerosa sino de trabajadores decididos, como los sé de ahora en adelante.

NOTA ADJUNTA
Este acta de fundación considera nulos simples hábitos. Pareció sin embargo dejar abiertas ciertas preguntas a quienes estos hábitos rigen todavía.
Una guía para el usuario, de siete títulos, da aquí las respuestas más solicitadas, -a partir de ellas se supondrán las preguntas que ellas disipan.
1. Del didacta
Un psicoanalista es didacta, por haber hecho uno o varios psicoanálisis que han demostrado ser didácticos.
Se trata de una habilitación de hecho, que siempre se produjo así en realidad y que sólo depende de un anuario que ratifica hechos, sin siquiera pretenderse exhaustivo.
Se hace caducar el uso del consentimiento de los pares por haber permitido la muy reciente introducción de lo que se llama “la lista”, desde el momento en que una sociedad pudo utilizarla para fines que desconocen de la manera más patente las condiciones mismas del análisis a emprender tanto como del análisis en curso.
Condiciones entre las cuales la esencial es que el analizado sea -libre de elegir a su analista.
2. De la candidatura a la Escuela
Una cosa es la candidatura a una Escuela, otra cosa la calificación de un psicoanálisis didáctico.
La candidatura a la escuela exige una selección que se regulara según sus metas de trabajo.
Al comienzo estará a cargo de un simple comité de recepción, llamado Cardo, es decir gozne en latín, lo que indica su espíritu.
Recordemos que el psicoanálisis didáctico sólo se exige para la primera sección de la Escuela, si bien es deseable para todas.
3. Del psicoanálisis didáctico
La calificación de un psicoanálisis como didáctico se practico hasta el presente mediante una selección, bastando constatar para juzgarla que, desde que dura, no permitió articular ninguno de sus principios.
Nadie tiene posibilidad ya de deslindarse en el futuro, salvo si rompe primero con un uso que se ofrece a la irrisión.
El único principio cierto que se puede plantear y tanto mas porque se el ha desconocido, es que el psicoanálisis se constituye como didáctico por el querer del sujeto y que este debe estar advertido de que el análisis pondrá en duda ese querer, conforme vaya acercándose al deseo que encubre.
4. Del psicoanálisis didáctico en el participación en la Escuela 
Aquellos que emprenden un psicoanálisis didáctico lo hacen de motu propio por propia elección.
El titulo 1 de esta nota implica incluso que pueden hallarse en posición de autorizar a su psicoanalista como didacta.
Pero la admisión en la Escuela les impone la condición de que se sepa que han iniciado la- empresa, dónde y cuando.
Pues la Escuela, cualquiera sea el momento en que el sujeto entra en análisis, tiene que sopesar este hecho con la responsabilidad que no puede rehusar de sus consecuencias.
Es constante que el psicoanálisis tenga efectos sobre toda practica del sujeto que en el se compromete. Cuando esta practica procede, por muy poco que sea, de efectos psicoanalíticos, resulta para el que los engendra en el lugar en que tiene que reconocerlos.
Como no advertir que el control se impone en cuanto surgen estos efectos y ante todo, para proteger de ellos a aquel que ocupa allí la posición de paciente.
Algo de una responsabilidad que la realidad impone al sujeto, cuando es practicante, asumir por su cuenta y riesgo esta en juego aquí.
Fingir ignorar este hecho es la increíble función que se conserva en la practica del análisis didáctico: se sobreentiende que el sujeto no practica o que viola con su obrar una regla de prudencia, Incluso de honestidad. Que observando esta regla el sujeto acabe faltando a su función, no esta fuera de los limites de lo que sucede, como se sabe, por otra parte.
La Escuela no podría abstraerse de este desastroso estado de cosas, en razón misma del trabajo -que esta destinada a garantizar.
Por eso prestara los controles que convienen a la situación de cada uno, haciendo frente a una realidad, de la que forma parte el acuerdo del analista.
Inversamente, una solución insuficiente podrá motivar para ella una ruptura de contrato.
5. Del compromiso en la Escuela
Par dos accesos se compromete uno ahora en la Escuela.
1. El grupo formado por elección mutua según el acta de fundación y que se llamará cartel, se presenta para mi aceptación con el título del trabajo que cada uno espera cumplir en él.
2. Los individuos que quieran hacerse conocer por cualquier proyecto, hallarán el camino útil ante un miembro del Cardo: los nombres de los primeros en aceptar el cargo a mi solicitud, se publicarán antes del 20 de julio. Yo mismo dirigir hacia uno de ellos a quien así me lo demandase.
6. Del estatuto de la Escuela
Mi dirección personal es provisional, aunque prometida por cuatro años. Me parecen necesarios para la puesta en marcha de la Escuela.
Si su estatuto jurídico es desde ahora el de la asociación declarada bajo la ley de 1901, creemos primero tener que integrar en su movimiento el estatuto interno que será, en un plazo fijado, propuesto al consentimiento de todos.
Recordemos que la peor objeción que pueda hacerse a las Sociedades de forma existente, es el agotamiento del trabajo, manifiesto hasta en la calidad, que causan entre los mejores.
El éxito de la Escuela se medirá por la presentación de trabajos que sean admisibles en su lugar.
7. De la Escuela como experiencia inaugural
Este aspecto se impone sobradamente, pensamos, en el acta de fundación, y dejamos a cada cual la tarea de descubrir sus promesas y sus escollos.
A quienes puedan interrogarse sobre lo que nos guía, les revelamos su razón.
La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia de trabajo.
Los “seminarios”, incluido nuestro curso de Altos Estudios, nada fundarán si no remiten a esa transferencia.
Ningún aparato doctrinario, y en particular el nuestro, por propicio que sea a la dirección del trabajo, puede prejuzgar sobre las conclusiones que serán su resto.



2. PREÁMBULO AL ACTA DE FUNDACION

Esta fundación, se puede plantear en primer término la cuestión de su relación con la enseñanza que no deja sin garantía la decisión de su acto.
Se postulará que, por calificados que estén quienes se hallen en condiciones de discutir allí esta enseñanza, la Escuela no depende de ella y tampoco la dispensa. ya que ella prosigue en el exterior.
Si para esta enseñanza, en efecto, la existencia de una audiencia que todavía no la ha valorado, se reveló en el mismo vuelco decisivo que impuso la Escuela, importa tanto más señalar qué los separa.
Escuela Freudiana de París, -este título mantenido en reserva en el acta de fundación, anuncia a las claras las intenciones de las que procede, a quien se atiene a sus términos.
Omitamos el lugar desde el que se reasume, sin méritos para hacerlo, con el escudo de origen el desafío que conlleva, ya saludado por Freud: la Escuela se afirma primeramente freudiana, dado que -si hay una verdad que, sin duda, se sostiene en una presencia que paciente la reitera, cuyo efecto devino conciencia del área francesa- el mensaje freudiano sobrepasa de lelos en su radicalidad el uso que de él hacen los practicantes de obediencia anglófona.
Aun si se echa mano en Francia y en otras partes a una práctica mitigada por el torrente de una psicoterapia asociada a las necesidades de la higiene social, -es un hecho que ningún practicante deja de mostrar su molestia o su aversión, incluso irrisión u horror, a medida que se ofrecen ocasiones de sumergirse en el lugar abierto donde la práctica aquí denunciada asume forma imperialista: conformismo de la mira, barbarismo de la doctrina, regresión acabada a un psicologismo puro y simple, -todo ello mal compensado por la promoción de un clero fácil de caricaturizar, pero que en su compunción es cabalmente el resto que da fe de la formación por la cual el psicoanálisis se disuelve en lo que propaga.
Este desacuerdo, ilústreselo con la evidencia que surge al preguntar si no es cierto que en nuestra época el psicoanálisis está en todos lados, mas los psicoanalistas en otra parte.
Pues no en vano puede uno sorprenderse de que el mero nombre de Freud, con la esperanza de verdad que lleva sea considerado por enfrentarse con el nombre de Marx, sospecha no disipada, aunque sea patente que el abismo entre ellos sea incolmable, que en la vía entreabierta por Freud podría percibirse la razón por la que el marxismo fracasa en dar cuenta de un poder cada vez más desmesurado y loco en cuanto a lo político, que incluso podría desempeñar un efecto de reactivación de su contradicción.
Que los psicoanalistas no estén en condiciones de juzgar los males en que están inmersos, pero que en ello fallan, -basta para explicar que respondan con un enquistamiento del pensamiento. Dimisión que abre la vía a una falsa complacencia, portadora para el beneficiario de los mismos efectos que una verdadera; en este caso, la estampilla que degradan en los términos cuya guarda tienen para la empresa que de ningún modo es en sí el resorte de la economía reinante, aunque cómoda es la puesta en condiciones de aquellos que ella emplea, incluso en los altos grados: la orientación psicológica y sus diversos oficios.
De este modo el psicoanálisis está demasiado en espera y los psicoanalistas demasiado en falso para que se pueda deshacer su suspenso desde otra parte que el punto mismo del que han tomado distancia: a saber, la formación de psicoanalista.
No es que la Escuela no disponga de lo que le asegura no romper ninguna continuidad: a saber, psicoanalistas irreprochables cualquiera sea el punto de vista que se adopte, puesto que hubiese bastado para ellos, como bastó para el resto de los sujetos formados por Lacan, que renegasen de su enseñanza para ser reconocidos por cierta “Internacional” y es notorio que no deben sino a su elección y a su discernimiento el haber renunciado a dicho reconocimiento.
Es la Escuela la que vuelve a cuestionar los principios de una habilitación patente y con el consentimiento de aquellos que notoriamente la han recibido.
En lo cual freudiana revela ser además, presentándose ahora a nuestro examen el termino de Escuela.
Este término debe ser tomado en el sentido en que antiguamente significaba ciertos lugares de refugio, incluso de bases de operación contra lo que ya podía llamarse malestar en la cultura.
Al atenernos al malestar del psicoanálisis, la Escuela entiende dar su campo no solamente a un trabajo de critica: sino a la apertura del fundamento de la experiencia, al enjuiciamiento del estilo de vida en que desemboca.
Quienes aquí se comprometen se sienten lo suficientemente sólidos como para enunciar el estado de cosas manifiesto: que en el presente el psicoanálisis no tiene nada más seguro que hacer valer en su activo que la producción de psicoanalistas, -aunque ese balance aparezca como dejando que desear.
No es que con ello nos abandonemos a cierta autoacusación. Somos conscientes de que los resultados del psicoanálisis, aun en su estado de dudosa verdad, hacen papel más digno que las fluctuaciones de moda y las premisas ciegas de las que se fían tantas terapéuticas en el terreno donde la medicina no acabó de ubicarse en cuanto a sus criterios (¿los de la recuperación social son isomorfos a los de la curación?) y parece incluso en retirada en cuanto a la nosografía: hablamos de la psiquiatría. que ha pasado a ser un interrogante para todos.
Es incluso bastante curioso ver el modo en que el psicoanálisis hace aquí de pararrayos. Sin él, cómo se haría para ser tomado en serlo cuando su único mérito es el oponérsele.
A ello se debe un statu-quo en que el psicoanalista se siente cómodo gracias a la benevolencia con la que se considera su insuficiencia.
El psicoanálisis se distinguió primero, sin embargo, por dar acceso a la noción de curación en su terreno, a saber: devolver sus sentidos a los síntomas, dar lugar al deseo que ellos enmascaran, rectificar de manera ejemplar la aprehensión de una relación privilegiada, -aunque hubiese hecho falta poder ilustrarla con las distensiones de estructura que exigen las formas de la enfermedad, reconocerlas en las relaciones del ser que demanda y que se identifica con esta demanda y esa identificación mismas.
Aun haría falta que el deseo y la transferencia que las animan hayan sublevado a quienes tienen su experiencia hasta volverles Intolerables los conceptos que perpetúan una construcción del hombre y de Dios donde entendimiento y voluntad se distinguen, mediante una pretendida pasividad del primer modo y la arbitraria actividad que atribuye al segundo.
La revisión del pensamiento que reclaman las conexiones con el deseo que Freud le impone, parece estar fuera de los medios del psicoanalista. Ellos se eclipsan sin duda entre los miramientos que los doblegan y la debilidad de aquellos a los que socorre. Hay empero un punto en que el problema del deseo no se puede eludir, es cuando se trata del psicoanalista mismo.
Y nada es más ejemplar de la pura cháchara que lo que de ella dice este comentario: que ella condiciona la seguridad de su intervención.
Perseguir en las coartadas el desconocimiento que se escuela aquí con falsos documentos, exige el encuentro de lo más valedero de una experiencia personal con aquellos que la conminarán a confesarse, considerándola un bien común.
Las propias autoridades científicas son aquí el rehén de un pacto de carencia que hace que ya no se pueda esperar desde fuera una exigencia de control que estaría a la orden del día en cualquier otra parte.
Es asunto solamente de quienes, psicoanalistas o no, se interesan por el psicoanálisis en acto.
A ellos se abre la Escuela para que pongan a prueba su interés, -no estándoles prohibido elaborar su lógica.



3. CARTA DE DISOLUCIÓN

Hablo sin la menor esperanza -de hacerme escuchar, principalmente.
Sé que lo hago -añadiéndole lo que esto entraña de inconsciente.
Esta es mi ventaja sobre el hombre que piensa y no se percata de que primero habla.
Ventaja que debo tan sólo a mi experiencia.
Pues en el intervalo entre la palabra que desconoce y lo que cree que es pensamiento, el hombre se embrolla. Lo cual no lo alienta.
De suerte tal que el hombre piensa débil, tanto más débil cuanto que rabia... justamente por embrollarse.
Hay un problema de la Escuela. No es un enigma. También, en el me oriento, no demasiado pronto.

Este problema demuestra serlo por tener una solución [solution]: es la dis [digo] -la digo solución, la disolución [dissolution].
A entender como de la Asociación que, a esta Escuela, le da estatuto jurídico.
Que baste con que se marche uno para que todos queden libres, esto es, en mi nudo borromeo, verdadero para cada uno, es preciso que en mi Escuela lo haga yo.
Me resuelvo a ello porque funcionaría, si yo no me le atravesase, a contrapelo de aquello para lo cual la fundé.
O sea para un trabajo, lo he dicho -que, en el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de su verdad- que vuelva a considerar la praxis original que instituyó con el nombre de psicoanálisis al deber que le toca en nuestro mundo -que, mediante una crítica asidua, denuncie sus desviaciones y sus compromisos que amortiguan su progreso al degradar su empleo. Objetivo que mantengo.
Por eso disuelvo. Y no me quejo de los susodichos “miembros de la Escuela freudiana” -antes bien les estoy agradecido, por haber sido por ellos enseñado, donde yo, por mi parte, fracasé- es decir, me embrollé.
Esta enseñanza es preciosa para mi. La aprovecho.
* * *
Dicho de otra manera, persevero.
Y llamo a asociarse de nuevo a quienes, en este enero de 1980, quieran proseguir con Lacan.
Que el escrito de una candidatura los haga conocer por mi de inmediato. Dentro de 10 días, para poner término a la debilidad ambiente, publicar‚ las adhesiones primeras que haya admitido, como compromisos de “critica asidua” de lo que en materia de “desviaciones y compromisos” la EFP alimentó.
Demostrando en acto que no es obra suya el que mi Escuela fuera Institución, efecto de grupo consolidado, a expensas del efecto de discurso esperado de la experiencia, cuando ella es freudiana. Sabemos lo que costó que Freud permitiera que el grupo psicoanalítico pudiese mas que el discurso y deviniese Iglesia.
La Internacional, ya que éste es su nombre, se reduce al síntoma que ella es de lo que Freud esperaba de ella. Pero no es ella la que pesa. Es la Iglesia, la verdadera, que sostiene al marxismo pues éste le vuelve a dar sangre nueva... de un sentido renovado. ¿Por qué no el psicoanálisis, cuando vira al sentido?
No digo esto por una vana burla. La estabilidad de la religión se debe a que el sentido es siempre religioso.
De ahí mi obstinación en mi vía de matemas -que no impide nada, sino que atestigua lo que haría falta para, al analista, hacerle marcar el paso de su función.
Si yo persevero/padre-severo [persévère/père-sévère], es porque la experiencia llevada a cabo reclama una contra-experiencia que compense.
No necesito mucha gente. Y hay gente a la que no necesito.
Los dejo plantados a fin de que muestren qué saben hacer, además de estorbarme y convertir en agua de borrajas una enseñanza donde todo está sopesado.
¿Obrarán mejor aquellos a quienes admitir‚ conmigo? Al menos podrán prevalerse de que les deje la posibilidad.
El directorio de la EFP, tal como lo he compuesto, despachará lo pendiente de los asuntos llamados corrientes, hasta que una Asamblea extraordinaria, por ser la última, convocada a tiempo con arreglo a la ley, proceda a la devolución de sus bienes, que habrán estimado los tesoreros, René Bailly y Solange Faladé.
Guitrancourt, 5 de enero de 1980



4. UN OTRO FALTA

15 de enero de 1980

Yo estoy en el trabajo del inconsciente.
Lo que este me demuestra, es que no hay verdad que responda del malestar sino particular a cada uno de los que llamo hablanteseres.
No hay aquí un atolladero común, pues nada permite presuponer que todos confluyen.
El empleo del uno que no encontramos más que en el significante no funda para nada la unidad de lo real. A no ser por suministrarnos la imagen del grano de arena. No se puede decir, que aunque haga un montón, haga un todo. Se necesita un axioma, o sea una posición que lo diga tal.
El que pueda contársele, como lo dice Arquímedes, no es ahí más que signo de lo real, no de un universo cualquiera.
* * *
Ya no tengo Escuela. La levanté, del punto de apoyo (otra vez Arquímedes) que tomé del grano de arena de mi enunciación.
Ahora, tengo un montón -un montón de gente que quiere que yo los acoja. No los voy a convertir en todo.
Nada de todo.
No necesito de mucha gente, dije, y es verdad -pero ¿para qué decirlo, si hay mucha gente que necesita de mi?
O al menos que lo cree (necesitarme). Que lo cree tanto como para decírmelo por escrito.
¿Y por que no habría de creerlo, también yo? ¿Acaso no pertenezco a la categoría de los incautos, cosa que todos saben?
No espero nada de las personas, y algo del funcionamiento. Entonces, no me queda otro camino que innovar, ya que esta Escuela, la pifié, por haber fracasado en la producción de Analistas della (A.E.) que estén a la altura.
¿A cuál de los electos de mi jurado de agregación le hubiera aconsejado yo votar por sí mismo, si por azar se hubiese presentado hoy como pasante?
Por tanto nada me apremia a rehacer Escuela.
Pero, “sin tomar en cuenta posiciones tomadas en el pasado respecto a mi persona” - cita de 1964- el que, habiendo declarado que sigue conmigo, lo hace en términos que a mi parecer no lo desmienten por anticipado, lo admito a asociarse con el que hace lo mismo.
Quién es quién es algo que no prejuzgo, remitirme prefiero a la experiencia por hacer, freudiana si se puede.
Cual la célebre cita de los enamorados en ocasión de un baile en la Opera. El horror cuando se quitaron las máscaras: no era él, tampoco ella por cierto.
Ilustración de mi fracaso para identificarme a esa Heteridad -que se me perdone la Ubris- que me decepcionó tanto como para hacerme largar el enunciado de que no hay relación sexual.
* * *
Freud, por su lado, parte de su causa fálica, para deducir de ella la castración. Lo que no deja de producir algunos borrones, que yo me dedico a borrar.
Contrariamente a lo que se dice, “la” mujer, si me atrevo a decirlo ya que ella no existe, no está privada del goce fálico. No lo está menos que el hombre al cual se engancha su instrumento (organon). Por poco provista que esté ella, (pues reconozcamos que es de poca monta), no deja por ello de obtener el efecto de lo que limita la otra orilla de este goce, a saber el inconsciente irreductible.
Precisamente por eso “las” mujeres que, ellas, sí existen, son las mejores analistas - las peores ocasionalmente.
A condición de no aturdirse con una naturaleza antifálica, de la cual no hay la menor huella en el inconsciente, ellas pueden escuchar lo que de este inconsciente no tiene ganas de decirse, pero que tiene que ver con lo que de él se elabora, como procurándoles el goce propiamente fálico.
El Otro falta. A mi también me extraña. Pero aguanto, lo cual los impacta, pero no lo hago por eso.
Algún día al cual por cierto aspiro, el malentendido me impactará tanto por venir de ustedes que quedaré páthico hasta el punto de no aguantar más.
Si ocurre que me vaya, díganse que es a fin -de ser Otro por fin.
Uno puede contentarse con ser Otro como todo el mundo, después de haber pasado una vida queriendo serlo pese a la Ley. (1)

NOTAS
(1) El texto de este seminario apareció en Le Monde del 26 de enero de 1980, precedido de la nota siguiente.



5. CARTA AL DIARIO LE MONDE

Envío a Le Monde el texto de esta carta, junto con mi seminario del 15, si es que tiene a bien publicarlo entero.
A fin de que se sepa que nadie ha aprendido nada junto a mí, por lucirse con ello.
Sí, el psicoanalista tiene horror de su acto. Hasta el punto de que lo niega, y deniega, y reniega -y de que maldice a quien se lo recuerda, Lacan Jacques, para no nombrarlo, y hasta clama indignado contra Jacques-Alain Miller, odioso por demostrar ser el almenos-uno que lo lee. Sin más miramientos que los necesarios con los “analistas” instalados.
¿Mi pase los pilla demasiado tarde como para que no obtenga de él provecho alguno? ¿O es que confié su cuidado a quien atestigua no haber entendido nada de la estructura que lo motiva?
Que los psicoanalistas no lloren por aquello de lo cual los alivio. No dejo plantada a la experiencia. Les doy la oportunidad de hacer frente al acto.
24 de enero de 1980



6. DECOLAJE O DESPEGUE DE LA ESCUELA (1)

11 de marzo de 1980

Aquí tienen, el hombre cubierto de cartas.
Mi camarada Drieu, por su parte, era o creía ser el hombre cubierto de mujeres, hasta el punto de titular así una de sus novelas.
Titulo con que me denominaron mis compañeros de la sala de guardia -siendo que no tenía más que dos (mujeres) como todo el mundo, que se ocuparan de mí, y discretamente les ruego creerlo.
Esas cartas las tomé en serio. Quiero decir las tomé una por una, como se hace con las mujeres, e hice mi lista.
He terminado con ese montón.
Hay personas que se quejan de que las olvidé. Es muy posible. Que se dirijan a Gloria.
* * *
Acerté con los mil, y en rigor más.
Pero es preciso que entre esos mil marque yo una diferencia, Puesto que unos tienen que hacer el duelo por una Escuela con la que los otros no tienen que hacer.
El duelo es un trabajo, como se lee en Freud. Es lo que les pido a los que, de la Escuela, quieren quedarse conmigo por la Causa freudiana.
A esos les escribí una carta anoche mismo. La recibirán.
He aquí lo que les digo:
Delenda est. He dado el paso de decirlo, desde entonces irreversible.
Como lo demuestra el que, si uno se retracta, termina uno pegoteado -donde menos hice Escuela [École]... que pegue [que colle].
Disuelta, lo está, por obra de mi dicho. Solo queda que lo esté por el vuestro también.
Sin lo cual la sigla que tienen de mi -EFP- cae en manos de falsarios probados.
Desbaratar la maniobra incumbe a quienes de la Escuela reúno este sábado.
Créaseme: a nadie admitiré para que juguetee en la Causa freudiana, sino seriamente desescuelado-despegado [d'écolé].
* * *
Firmé esto ayer, 10 de marzo.
Además, es culpa de Freud haber dejado a los analistas sin recursos y, encima, sin otra necesidad más que la de sindicarse.
Yo, por mi parte, procure inspirarles otras ganas, la de ex-sistir. Eso, lo conseguí. Como se muestra en las precauciones con que se contorsiona el retorno al camino trillado.
Lo cual no se puede afirmar de todos ya que hay bastantes para seguir mi desbroce, subsistiendo por un lazo social nunca visto hasta el presente.
¿Qué otra cosa da pruebas de mi formación que acompañarme en el trabajo, pues lo es, de la disolución?
Tienen ahora que contarse.
* * *
Paso a los otros que, este trabajo, no tienen que hacerlo, por no haber sido de miEscuela -sin que se pueda decir que esta no los haya intoxicado.
Con ellos. sin demora, lanzo la Causa freudiana -y restauro en su favor el órgano de base tomado de la fundación de la Escuela, o sea el cartel, cuya formalización, tomando en cuenta la experiencia, afino.

Primero - Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Aclaro: producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo - La conjunción de los cuatro se efectúa en torno de un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo es tara velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.
Tercero - Para prevenir el efecto de pegoteo, permutación debe hacerse, en el término fijado de un año, dos como máximo.
Cuarto - Ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo.
Quinto - El sorteo asegurara la renovación regular de los puntos de referencia creados a fin de vectorializar el conjunto.
La Causa freudiana no es Escuela, sino Campo -donde cada cual tendrá vía libre para demostrar qué hace con el saber que la experiencia deposita.
Campo al que los de la EFP se unirán apenas se hayan quitado de encima lo que ahora los estorba más que yo.
* * *
Abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha.
Pues es preciso que termine con el malentendido, de decir de las mujeres en mi último seminario, que no están privadas del goce fálico.
Se me imputa pensar que son hombres. Vaya ocurrencia.
El goce fálico no las acerca a los hombres, mas bien las alerta, ya que este goce es obstáculo a lo que las empareja con el sexuado de la otra especie.
Prevengo esta vez el malentendido, subrayando que esto no significa que no puedan tener, con uno solo, elegido por ellas, la satisfacción verdadera -fálica.
Satisfacción que se sitúa con su vientre. Pero como una respuesta a la palabra del hombre.
Para eso es preciso que acierte. Que acierte con el hombre que le hable según su fantasma fundamental, el de ella.
De este fantasma extrae efecto de amor a veces, de deseo siempre.
No ocurre tan a menudo. Y, cuando ocurre, no por ello es relación, escrita, o sea ratificada en lo real.
Lo que llame no relación, Freud lo pensó, aunque redujera lo genital al hecho de la reproducción.
¿No es esto, en efecto, lo que articula sobre la diferencia de la pulsión que llama fálica, con la que el pretende subsiste de lo genital?
¿Se hubiera percatado del dualismo sin la experiencia, en la que estaba, del psicoanálisis?
El goce fálico es justamente el que consuma el analizante.
* * *
Eso es todo. Los dejo.
Quisiera que me hagan preguntas. Que me las hagan por escrito. Que me las envíen. Las contestaré la semana que viene, si valen la pena.
La semana que viene, también, les diré cómo trabaja eso, la disolución.

NOTAS:
(1) El título en francés D'Écolage condensa en su escritura misma el despegue (décolage) de un avión y escuela (école) y su correspondiente homofonía, imposible de reproducir en castellano. [N. de T.]



7. EL SEÑOR A.

18 de marzo de 1980

El señor A., filósofo, que surgió quién sabe de dónde el sábado pasado y me dio la mano, hizo que me volviese a surgir un título de Tristán Tzara.
Eso data de Dadá, es decir no de las zalamerías que comienzan con Littérature - revista a la que no le di una sola línea.
Se me imputa de buena gana un surrealismo que está muy lejos de mi talante. Lo probé no contribuyendo a él sino lateralmente, ya tarde para hacer rabiar a André Breton. Debo decir que Eluard me enternecía.
El señor A. no me enternece, pues me hizo acordar del título: El señor Aa, el antifilósofo.
Eso, eso me pasmó.
En cambio, cuando le pasé a Tzara, que vivía en el mismo edificio que yo, calle de Lille número 5, La instancia de la letra, no le dio ni frío ni calor. Y yo que creía decir algo capaz de interesarlo.
Pues bien, en absoluto. Fíjense cómo se engaña uno.
El único delirio de Tzara era con Villon. Así y todo, él desconfiaba de este delirio.
Yo no precisaba para nada que delirara conmigo. Ya hacían eso unos cuantos. Y eso dura todavía.
Como no todos ustedes estuvieron conmigo el sábado y el domingo, porque no todos ustedes son, gracias a Dios, de mi pobre Escuela, no tienen idea de adónde puede llegar, el delirio sobre mí.
Lo que me da esperanzas es que Tzara acabó por desentenderse de François Villon, igual que yo, además.
* * *
Este señor Aa es antifilósofo. Es mi caso.
Yo me sublevo, por decirlo así, contra la filosofía. De lo que no caben dudas, es de que es cosa terminada. Aunque me temo que le va a rebrotar algún retorno.
Estos rebrotes se producen a menudo con las cosas terminadas. Miren esa Escuela architerminada: hasta ahora, había en ella juristas convertidos en analistas; pues bien, ahora está quien se hace jurista por no haberse hecho analista.
Y además, jurista de camelo, como se las cantó claras Pierre Legendre.
* * *
¿Tengo que ser más preciso? De ningún modo pienso disolver la Escuela Normal Superior, donde en una época encontré la mejor de las acogidas.
Mi rayo cayó justo al lado, calle Claude Bernard, donde había instalado la Escuela mía, con local puesto.

En cuanto a la Causa freudiana, no tiene más mueble que mi buzón. Indigencia que ofrece muchas ventajas: nadie me pide que de seminario en mi buzón.
Es menester que innove, dije -con la reserva de agregar: no totalmente solo.
Lo veo así: que cada cual colabore en ello.
Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa.
Se trata de que la Causa freudiana escape al efecto de grupo que les denuncio. De donde se deduce que sólo durara por lo temporario, quiero decir -si uno se desliga antes de quedar tan pegado que ya no pueda salirse.
Esto no exige gran cosa:
-un buzón, véase más arriba,
-un correo, que hace saber qué, en ese buzón, se propone como trabajo,
-un congreso o, mejor, un foro donde eso se intercambie,
-por último, la publicación inevitable, al archivo.
Además se necesita que junto con eso instaure yo un remolino que les sea propicio.
Eso o el pegoteo seguro.
* * *
Fíjense cómo lo digo de a poquito. Les doy tiempo para comprender.
¿Comprender qué? Yo no me jacto de hacer sentido. Tampoco de lo contrario. Pues lo real es lo que se opone a eso.
Rendí homenaje a Marx como inventor del síntoma. Sin embargo, este Marx es el restaurador del orden, por el solo hecho de que reinsufló en el proletariado la dimensión/la dicha-mansión [dit-mension] del sentido. Bastó con que, al proletariado, lo llamara así.
La Iglesia aprendió su lección, esto es lo que les dije el 5 de enero. Sepan que el sentido religioso hará un boom del que no tienen ustedes la menor idea. Porque la religión es la guarida original del sentido. Es una evidencia que se impone. A los que son responsables en la jerarquía mas que a los demás.
Intento ir en contra, para que el psicoanálisis no sea una religión, aunque tienda a ello, irresistiblemente, al suponerse que la interpretación no opera sino por el sentido. Enseño que su resorte está en otra parte, principalmente en el significante como tal.
A lo cual resisten aquellos a quienes le da pánico la disolución.
La jerarquía no se sostiene sino por administrar el sentido. Por eso no pongo a ningún responsable en el banquillo sobre la Causa freudiana. Con lo que cuento es con el remolino. Y debo decirlo, con los recursos de la doctrina acumulados en mi enseñanza.
* * *
Paso a las preguntas que se me hicieron a mi pedido.
No veo por qué iba yo a objetar que se formen cartels de la Causa freudiana en Quebec. Aclaro: con la única condición de que se le notifique al correo de dicha Causa.
¿El Más-Uno se sortea? -me pregunta Pierre Soury, a quien contesto que no, los
cuatro que se asocian lo eligen.
Me escribe también esto que les leo:
“En cuanto a los mil de la Causa freudiana, al comienzo se formarán cartels por elección mutua y después, mediante una redistribución general, se reconstituirán por sorteo en el seno del conjunto grande. Lo cual implica que, entre los mil, cualquiera puede verse movido a colaborar en grupo pequeño con cualquier otra persona”.
Le hago notar que no es esto lo que dije, ya que de estos mil, que por otra parte son más, por el momento no invito a formarse en cartels sino a los no miembros de la Escuela. Así pues, no hay “conjunto grande”. Y no implico sorteo general, sino sólo para componer las instancias transitorias que serán los puntos de referencia del trabajo.
Dicho esto, felicito a Soury por formular la colaboración en la Causa de cualquiera con cualquiera. Es, en efecto, lo que se trata de obtener, pero a término: eso tiene que remolinear así.
Algún otro se inquieta por lo que quiere decir precisamente ser un A.E. a la altura. El que me lo pregunta es un A.E. Pues bien, que relea mi Proposición de octubre de 1967. Verá que esto supone al menos abrirla.
Otro me pide que articule la relación de lo que he llamado el pegoteo, con lo que Freud llama, refiriéndose a la represión, fijación. Aparte. es una persona que no se conformó con enviarme esta pregunta, sino que adjuntó textos. A decir verdad, no me los envió, me los dejo ayer, en mi casa.
Se trata de Christiane Rabant, que quedó impresionada, me dice, por lo que llegué a articular respecto de la carta de amor.
¿Qué es lo que se fija? El deseo, que, por estar tomado en el proceso de la represión, se conserva en una permanencia que equivale a la indestructibilidad.
Es éste un punto sobre el cual he insistido hasta el final, sin dar el brazo a torcer.
En esto el deseo contrasta totalmente con la labilidad del afecto.
La perversión es al respecto harto indicativa, puesto que la fenomenología más simple pone claramente en evidencia la constancia de los fantasmas privilegiados.
Sin embargo, aun cuando muestra el camino, desde el origen de los tiempos, no nos abre su entrada, ya que fue necesario Freud.
Fue necesario que Freud descubriese primero el inconsciente para que llegase a ordenar en esta senda el catálogo descriptivo de esos deseos; dicho de otra manera: la suerte de las pulsiones -como traduzco yo Triebschicksale.
Lo que se trata de establecer es el lazo de esta fijación del deseo con los mecanismos del inconsciente.
A ello precisamente me dediqué, puesto que jamas pretendí superar a Freud, como me imputa uno de mis corresponsales, sino prolongarlo.
* * *
Responderé el tercer martes de abril a los demás. Preguntas, todavía pueden enviarme. No me canso de ellas.
Los hay de la Escuela que quieren hacer unas Jornadas sobre el trabajo de la disolución. Estoy a favor. Para eso hablen con Colette Soler, Michel Silvestre, o Eric Laurent. Digo esto a los miembros de la Escuela.



8. CARTA PARA LA CAUSA FREUDIANA

23 de octubre de 1980

Hay reprimido. Siempre. Es irreductible.
Elaborar el inconsciente, como se hace en el análisis, no es nada más que producir su agujero. Freud mismo, lo recuerdo, lo indica.
Esto me parece confluir de un modo pertinente con la muerte.
Con la muerte que yo identifico por el hecho de que, “como el sol", así dicen, no se la puede mirar de frente.
Por eso, lo mismo que cualquiera, no la miro. Hago lo que tengo que hacer, que es hacer frente al hecho, desbrozado por Freud, del inconsciente.
Ahí dentro, estoy solo.
Luego, esta el grupo. Entiendo que “La Causa” aguanta.
-El cartel funciona. Basta con no ponerle obstáculos, salvo el vectorializarlo, cuya formula doy, y permutar.
-Un Directorio administra. Sus responsables, en el puesto por dos anos -después de el cual, cambian.
-Los asisten comisiones, por dos años también.
-Una Asamblea anual, llamada administrativa, se informar de la marcha de las cosas; instancia, ella, permanente.
-Cada dos años, un Congreso, al que todos están imitados.
-Un Consejo, por último, llamado estatutario, es garante de lo que instituye.
La Causa tendrá su Escuela. De donde procederá el A.M.E., ahora de la Causa freudiana.
El pase producir el A.E. nuevo -siempre nuevo por serlo durante el tiempo de dar testimonio en la Escuela, o sea tres años.
Pues más vale que pase, este A.E., antes que ir derechito a encastrarse en la casta.



9. PRIMERA CARTA DEL FORO

26 de enero de 1981

Hace ya un mes que corté con todo -exceptuando mi práctica.
Tengo pocas ganas de ventilar lo que siento. O sea, algo así como vergüenza. La de un cataplum: se vio entonces a uno, a quien él había privilegiado auténticamente durante veinte años y mas, levantarse y lanzo un puñado de aserrín a los ojos del viejo, quien... etc.
La experiencia tiene su precio, pues no es algo que se imagine por adelantado.
Esta obscenidad pudo mas que la Causa. Estaría bien que sobre ella cayese el telón.
Esta es la Escuela de mis alumnos, aquellos que aún me aman.
Abro inmediatamente sus puertas. Digo: a los Mil.
Vale la pena arriesgarse. Es la única salida posible -y decente.
Un foro (de la Escuela) será por mi convocado, donde todo se debatir -esto, sin mí. Apreciaré su producto.
Habiendo experimentado los recursos físicos que me quedan, confío su preparación a Robert Lefort, Paul Lamoine, Pierre Martin, Jacques-Alain Miller, Colette Soler, a quienes llamo junto a mí como consejeros. (1)

NOTAS
(1) Otros tres consejeros nombrados por Jacques Lacan renunciaron antes de celebrarse el foro.




10. SEGUNDA CARTA DEL FORO

11 de marzo de 1981

Mi fuerte es saber lo que esperar significa.
Obtengo de ello el que, en suma, se me ejecute en nombre del nombre que me es propio. Como se debe, para salvar el asidero profesional adquirido con mi formación -reduciéndola a eso.
Obnubilación de responsables (1), imputable al estatuto de suficiencia del que no supe presentarlos.
Ellos llevan a otra parte sus impasses. Queda la Escuela que adopté como mía.
Nueva y lábil aún, aquí es donde se probará el núcleo por el que es posible que mi enseñanza subsista.
Se hará bien ahora en contarse para esa tarea.
Consultados mis consejeros, convoco para los días 28 y 29 de este mes, mi primer foro. (2)

NOTAS
(1) Ex responsables de la EFP habían anunciado la creación de un “Centro de estudios".
(2) Las Actas de este foro fueron publicadas por la Escuela de la Causa freudiana.



11. PARA EL ANUARIO
28 de febrero de 1971
La Escuela de la que tan poco se duda que sea freudiana como de París, ha encontrado por fin su local.
Cualesquiera hayan sido los agentes en que tomó cuerpo lo que se opuso a ello durante seis años, hay que reconocer que no fue en detrimento de un solo grupo, sino a expensas de todos aquellos que se sostienen de una enseñanza, en Francia se entiende.
Hay emisiones impudentes, una pusilanimidad intelectual que, desde 1957, rebajaron su tono.
Lo que con ello consiguieron fue guardar las apariencias en la coyuntura presente.
Esto debería sugerir en el psicoanálisis cierto retorno a su asunto. ¿Se lo lograr ?
Medio siglo después de que Freud lo dotase de su segunda tópica, nada se registra por obra suya más seguro que su turbadora persistencia.
Inflación notoria que, respaldándose en la época, hace mas tentador lo verosímil que lo verídico.
Sin la base de una formación en la que el análisis se articula por un desplazamiento del discurso cuya acta Lacan levanta, nadie pasar allí a la tentativa contraria.
Cuando la dominación universitaria muestra necesidad de contentarse con nuestro -menor semblante.
Todas las “esperanzas” estarán pues cómodas en otra parte que en nuestra Escuela.
Pero ahí encontrarían a aquellos a quienes diez años, ni dieciséis, ni dieciocho, parecieron negociables, de un trabajo gracias al cual hay psicoanalista todavía a la altura de lo que supone que se le haga signo: de lo que se sabe al menos.

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